
El hombre de espejos:
Un día, un hombre decidió ser. Para ello debía desprenderse de etiquetas y juicios ajenos que no le correspondían y así de a poco comprender su verdad.
Rompiendo espejos y pengando trozos sobre tela se hizo un traje completo, de pies a cabeza y se presentó así frente al mundo, familia, amigos y colegas durante todo un día. Ni sus ojos bien cubiertos por lentes de sol, ni su cabello escondido tras un sombrero daban pistas de quien era. Mantuvo sus horarios, su rutina, absolutamente todo para seguir siendo responsable y se dedicó a silenciarse, a oír y apenas manifestarse para solo participar en conversaciones pequeñas y así no entorpecer su busqueda con su labia intelectual.
De lunes a viernes atendía una tienda de ropa en un paseo comercial, local donde recibió su primera sorpresa al llegar, ya que en medio de esta, parado entre los espejos de las paredes se dio cuenta que era el reflejo del infinito.
Entró un cliente, el cual se sorprendió al encontrar que el vendedor se parecía mucho a el mismo, compro ropas y luego pagó incluso de más, ya que se sentía muy familiarizado con la imagen reflejada que veía en el traje de hombre. El vendedor acelerado y tacaño que unos días antes le había parecido ver en aquella tienda había desaparecido, solo un reflejo de un ego distinto quedaba ahí.
En su hora de colación, se dirigió por un paseo peatonal, recibiendo todo tipo de comentarios al pasar: ¡idiota, loco, ridículo! Sin inmutarse, se dejo observar un buen rato, dandose cuenta de una gran noticia: todos esos insultos no eran para él, sino pues el reflejo de los mismos. Durante su caminar, se dió cuenta que ya no era un individuo, sino muchos en el reflejo, era un anciano, un hombre, una mujer, un niño, un perro, desde un ejecutivo hasta un vendedor de mercancía pirata, todo al mismo tiempo, todo estaba en el.
Al entrar al café de siempre, se sentó junto a una bella mujer, que sin extrañeza alguna lo recibió con una sonrisa. Luego de charlar y coquetear con este extraño individuo, lo utilizó para maquillarse y tendió una servilleta, en la cual tenía apuntado su numero telefónico junto a un gran beso rojo, deseosa de volver a encontrar a su "alma gemela" en un intimidad mayor.
El hombre, sorprendido por tercera vez, dio por terminado su almuerzo y volvió a la tienda, donde el dueño del lugar, que venía a cobrarle la tienda lo observo con una mirada de asombro y perturbación. Sin poder contenerse el pregunto – Que estas haciendo? El espejo viviente, sin necesidad de hablar, adopto la posición del consultante y lo imitó durante unos segundos, algo que creo una incomodidad e hizo que el cobrador se retirara sin completar su mision, alegando que volvería al día siguiente y esperaba algo de normalidad.
Terminó su jornada laboral y se marchó a casa, en el metro, una anciana, al ver en el reflejo una mujer mayor que ella, le cedió el asiento sin aludir que se trataba de ella misma. Al bajarse en su parada, pasó por el lado de unos pandilleros, que al parecer no les gustó que un individuo vestido como ellos invadiera su territorio. Entre insultos y empujones, vino a aparecer un vecino que le prestó ayuda y lo sacó de tan alterante situación, el reflejo le dió la mano como símbolo de agradecimiento y unión y se marchó.
Ya en su hogar, la cena fue un tanto extraña, puesto que todas las quejas que normalmente recibía de su esposa acerca de la falta de dinero, afecto e inseguridades que habían surgido con el paso de los años había querido comenzar pero se fueron disipando rapidamente hasta desaparecer, sin siquiera necesidad de responderlas con gritos como de costumbre, como si por primera vez, aquella autovictimizante esposa comprendía que, en el reflejo forzoso de su pareja no proyectaba más que sus propias carencias, falencias y errores llenos de rabia y frustraciónes que a sus recien 40 años había acumulado por dejar que el tiempo le arrebatara sus fuerzas, sus sueños y los minutos se rieran de ella al terminar su labor insatisfecha.
La mujer se fue a dormir y el hombre, frente al espejo del baño comenzó a quitarse el traje que consigo traía las mil etiquetas sociales que había recibido en su experimentada jornada, cuyos emisores y jueces poseían tan solo un puñado de inmadurez y un vacío de niño dolido en sus corazones.
El hombre, ya cansado, se sento a tomar una copa y mirando el cielo nublado, acompañado por el sonido de los innumerables goterones comenzó a comprender lo vivido, entre copa y copa el mensaje comenzó a salir:
"Nadie es como se le vé, como se le cree conocer, tan solo es la proyección de uno mismo en el reflejo del espejo invisible del ego que todos portamos de manera erronea. Lo que realmente somos es lo que nosotros mismos somos capaces de reconocernos al sentirnos, al acompañarnos, al aceptarnos. La única manera de "ser" es asumir nuestra verdad y mostrarnos tal cual, verdaderos y congruentes con nuestras propias creencias".
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