
Luego de dar unos cuantos pasos a ojos cerrados, me dí cuenta que aquel sendero que en un inicio parecía interminable había quedado atrás. Al abrirlos y observar nuevamente el mundo te ví, estabas siempre ahí, donde pasaba cada noche junto a mis amigos en espera de que algo mágico sucediera y cambiara mi rutina. ¿Cuantas noches debí esperar hasta lograr ver tu alma rondar cerca de la mía? ¡cientas o quizas miles! pues no hasta después de haber hecho ese camino logré enfocar mi vista hacia aquel rincón que nunca habia visto antes. La magia se hizo y todo sucedio cuando debía suceder.